Diaconía ambiental.
Es una acción pastoral evangelizadora desarrollada por diáconos permanentes como agentes cualificados en comunión con el ministerio del Obispo diocesano, con el fin de salir al encuentro de las personas en las fronteras existenciales. Su campo de acción son los lugares donde la labor cotidiana de la Iglesia no llega o es casi nula, se dirige a todas las gentes sin distinción social, económica o culturas que por diversas circunstancias se encuentran lejanas o alejadas de Cristo.
En su servicio ministerial el diácono permanente debe esforzarse por ejercer la diaconía de Jesucristo que “no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,28). Su misión de representar sacramentalmente a Cristo servidor no la realiza dentro de los límites de una parroquia, la comunidad del diácono permanente es la diaconía ambiental en la que practica la caridad proclamando el evangelio a través de la humildad, el desinterés y el testimonio de vida al presentar una iglesia samaritana orientada hacia el prójimo (cfr. Lc 10, 25-37).
Destinarios: intelectuales y profesionales.
Intelectual es aquel que por su formación académica o por la reflexión del pensamiento crítico ejerce influencia en la sociedad a través de obras de producción científica, literaria o artística. Al elaborar teorías y difundir conocimientos transmite ideas de su patrimonio adquirido con las cuales aconseja, convence o hace reflexionar.
En amplia definición intelectual es todo aquel que hace uso del intelecto, incluye a los estudiantes que se especializan en una rama del saber con miras a obtener un título académico, los literatos, personalidades sociales, figuras públicas “cuyo saber, estilo, trabajo y comunicación orientan los criterios morales y simbólicos del quehacer social” (cfr. Gine, S; Lamo, e; 2001), desarrollan la opinión crítica, generan valores pero también, en ocasiones, anti valores.
No es que exista un grupo fácilmente denominado de “los intelectuales”, no es posible encasillarlos en una categoría homogénea, sino que su presencia está esparcida en toda la sociedad.
Por otra parte, el profesional es la persona que gracias a la práctica ha desarrollado destrezas que le permiten ser experto en una actividad; y por ello recibe una remuneración económica o bien la desarrolla de manera voluntaria y gratuita. Puede contar con un título académico pero también la experiencia en un campo de acción permite considerar a la persona como profesional en lo que realiza, aportando desde su especialidad al bienestar de la sociedad.
Objetivo general.
Anunciar el Evangelio de Cristo mediante un proceso pastoral programático, activando el diálogo entre fe y cultura partiendo de la realidad particular de la persona intelectual o profesional, sin dejar de lado la racionalidad crítica y los valores fundamentales del ser cristiano.
Objetivos específicos.
-Suscitar en los destinatarios un crecimiento integral que permita una equilibrada interacción en las áreas social, familiar y de fe, que les permita acercarse al “Reino de Dios que ofrece una vida más digna en Cristo” (DA 361).
-Configurar un nuevo modelo de creyente que responda a las nuevas circunstancias religiosas y culturales, no por tradición o pertenencia sino como opción personal por el gusto de ser cristiano.
-Involucrar, acompañar y manifestar mediante obras y gestos en la vida de los demás los valores del Reino de Dios, aceptando que sus diferencias, habilidades y limitaciones enriquecen las relaciones humanas.
-Evaluar periódicamente las acciones de la diaconía ambiental de los intelectuales y profesionales con el fin de identificar aciertos, desaciertos y acciones de mejora.
Metodología.
Entrar en contacto con los destinatarios visitando los lugares donde se reúnen a desarrollar sus actividades académicas, profesionales o de ocio. Ajustándose a horarios y espacios en función de la disponibilidad del grupo meta.
Primeramente se establece un tiempo de diálogo y encuentro con el objetivo de lograr acogida, empatía e identificar las experiencias de vida de los destinatarios. Luego, partiendo de sus realidades se anuncia paulatinamente el Evangelio, “involucrándose y acompañando con obras y gestos” (cfr. EG 24), con la consideración de no presentar de primera mano un talante marcadamente religioso, más adelante habrá espacio para ello, al estilo de Jesús que primero presta atención a la persona, le extiende la mano como hizo con el ciego de Betsaida (cfr. Mc 8, 23) y luego la conduce descubrir por sí misma la vocación a la que ha sido llamada con la praxis empleada con la samaritana (cfr. Jn 4, 1-26).
En una etapa más avanzada, en cuanto a la aceptación del grupo lo permita, se inicia un itinerario de fe en el que juntos vamos descubriendo el plan de salvación establecido por Dios que les llevará a decir “ya no creemos por tus palabras, pues nosotros hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo” (Jn 4, 42).
Justificación.
Incursionar en esta acción pastoral obedece al mandato misionero de Jesús “id y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19) anunciando el kerigma evangélico de la pasión, muerte y resurrección de Jesús para la salvación del mundo, siendo “evidente que, tanto hoy como en el pasado, muchos hombres no tienen la posibilidad de conocer o aceptar la revelación del Evangelio y de entrar en la Iglesia. Viven en condiciones socioculturales que no se lo permiten” (RM 10).
La diaconía pedagógica del ambiente de los intelectuales y profesionales pretende seguir el llamado de establecer una iglesia misionera conscientes que el anuncio de la buena nueva “siempre tiene la dinámica del éxodo y del don de salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá” (EG21), como discípulos del Señor consciente que si sale es para predicar sin perder tiempo (cfr. Mc 1,38) con dirección a la otra orilla sin importar las vicisitudes (cfr. Mc 4, 35-41). Colocando por delante el diálogo, escuchar antes que imponer, reconociendo como bien lo expresa el Vaticano II que “no lo sabemos todo y no siempre tenemos a mano la respuesta adecuada a cada cuestión; sin embargo está presente el deseo de orientar al ser humano de la luz de la Revelación (cfr. GS 33).
La sociedad actual es una sociedad de riesgos y el mayor de todos es que el ser humano está perdiendo de vista su naturaleza trascendente, aquello que lo une con su Creador y que precisamente, en virtud de esa comunión, es donde radica su dignidad como persona. Es la sociedad del cansancio que pasa agitada, saturada de información inútil que no brinda sentido a la vida, basada en la exterioridad y sin espacios de reflexión personal que destruyen las relaciones humanas en las que el otro (prójimo) no existe, hay concentración de personas pero no convivencia.
Como hijos de Dios conscientes del regalo divino de la salvación, amantes del deseo del Padre que quiere que “todos los hombres lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1Tim 2,4), debemos suscitar en los hombres y mujeres contemporáneos la fe que movió a Abraham a salir de su casa (zona del comfort) e invitarlos a una vida nueva ofrecida por Jesús que padeció, murió y resucitó para mostrar al ser humano el destino de la bienaventuranza eterna a la que ha sido llamado. Una diaconía desde las fronteras exige construir estructuras de anticipación para poder evitar la catástrofe del hombre destruyéndose a sí mismo, desgastarse por recuperar la dignidad de la persona humana desde el kerigma evangélico de Cristo que “revela el hombre al hombre” (GS 22) como modelo de humanidad y sobre todo como hijos en el Hijo.
A pesar de todo, siempre hay esperanza de algo nuevo, a ejemplo de su Señor el cristiano está llamado a “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21,5), de construir un mundo donde el Reino de Dios se encarne y de aliento en las fronteras existenciales, la diaconía en el ambiente de los intelectuales y profesionales puede ser instrumento con capacidad anticipatoria para contrarrestar el desmoronamiento de la sociedad. Se nos ha concedido la gracia de anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo (cfr. Ef 3,8). “Quienes han sido incorporados a la Iglesia han de considerarse privilegiados y, por ello, mayormente comprometidos en testimoniar la fe y la vida cristiana como servicio a los hermanos y respuesta debida a Dios, recordando que « su excelente condición no deben atribuirla a los méritos propios sino a una gracia singular de Cristo” (RM 11).
Ambiente propuesto para desarrollar una diaconía pedagógica.
El Benemérito cuerpo de bomberos de Costa Rica es un grupo de profesionales fundado el 27 de julio de 1865, cuenta con 76 estaciones de bomberos en todo el país. Sus funcionarios prestan servicio en horarios denominados 24 x 24, por lo que cada bombero ingresa a su estación a las 8:00 am, sale al día siguiente a la misma hora y regresa el tercer día a las 8:00am. Hay dos tipos de bomberos: los permanentes o asalariados y los voluntarios, ambos grupos están disponibles las 24 horas del día todos los días del año.
Realizando una primera exploración para conocer la realidad de vida de los bomberos, los hallazgos muestran que producto de las extensas y atípicas jornadas laborales, las exigencias del trabajo entre otros factores, son elementos que de alguna manera han repercutido en la vida personal y familiar de estos colaboradores. Presentan situaciones de divorcio, soledad, ansiedad, lejanía familiar, algunos hasta llevan una doble vida con familias separadas, algunos no profesan religión y los que se manifiestan creyentes no practican su fe, su vida social se desarrolla en buena medida entre compañeros que no siempre son los mejores consejeros.
Por tanto, la experiencia de llevar a cabo una diaconía ambiental, con la cual llevar la luz del evangelio en las estaciones de bomberos es una gran oportunidad para mostrar a Cristo servidor que viene al encuentro de toda persona para escuchar, dialogar. Invitar a seguir a aquel que “tiene palabras de vida eterna” (cfr. Jn 6,68)
Bibliografía:
EG: Evangelii Gaudium.
DA: Documento de Aparecida.
RM: Redemptoris missio.
GS: Gaudium et Spes.
Giner, S; Lamo, E. Diccionario de Sociología. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
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